viernes, 30 de septiembre de 2011

La tesis de Trabajo Social de Raquel Negro llega a manos de sus hijos

RAQUEL NEGRO Y SU HIJO SEBASTIÁN.

Sabrina y Sebastián recibirán el miércoles el trabajo final de Trabajo Social su madre detenida-desaparecida. El acto se realizará en la sede de la FTS, en Paraná, en el marco del juicio por la causa Hospital Militar.

Durante un acto que se realizará el miércoles en Paraná, se hará entrega de la tesis elaborada por la trabajadora social detenida-desaparecida Raquel Negro, a sus hijos Sebastián Álvarez y Sabrina Gullino Valenzuela Negro. Las carreras de Licenciatura en Trabajo Social de la Facultad de Trabajo Social de la UNER y de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNL convocaron a participar de esta actividad.

La ceremonia se realizará en el marco del juicio de lesa humanidad en trámite ante el Tribunal Oral Federal de Paraná, por la causa conocida como Hospital Militar, donde se juzga a seis represores acusados de la sustracción de los mellizos de Raquel Negro nacidos en cautiverio y de la supresión de sus identidades.

Sabrina Gullino Valenzuela Negro pudo recuperar su verdadera identidad hace casi tres años, mientras que la búsqueda de su hermano mellizo varón todavía continúa. Sebastián Álvarez es hijo de Raquel Negro y Marcelino Álvarez; estuvo secuestrado con su mamá cuando apenas tenía un año y medio, en el centro clandestino de detención Quinta de Funes.

El acto se llevará a cabo en el salón Ofelia Zaragozzi de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos, ubicada en La Rioja 6 de Paraná, el miércoles a las 18.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Regreso al punto de partida


El regreso. Sabrina Gullino (abajo a la derecha) durante la 
inspección en el hospital. Detrás, Guerrieri.
En el juicio por robo de bebés se hicieron inspecciones en el Hospital Militar y en el IPP. Después de 33 años, Sabrina conoció el lugar donde nacieron ella y su hermano desaparecido 

Sabrina Gullino volvió ayer al Hospital Militar y al Instituto Privado de Pediatría. Le llamó la atención las distancias y las dimensiones: las dependencias de la institución del Ejército le parecieron estar mucho más cerca entre sí de lo que se imaginaba y la sala de Neonatología del IPP le pareció muy pequeña. Pensó que los médicos pediatras no pudieron no haberse enterado de que ella y su hermano mellizo desaparecido estuvieron allí durante alrededor de 20 días. Justamente, casualidad o no, ayer había ahí dos hermanitos en una incubadora. Estaban con sus nombres, perfectamente identificados. No era así hace tres décadas.

“Fue bastante fuerte, porque tuve una vivencia más figurativa, más completa. No es lo mismo reconstruir la historia sin ver el lugar, que cuando uno lo ve”, expresó a UNO la hija de Raquel Negro. Ella fue sustraída por los represores y pudo recuperar su verdadera identidad. Ahora es querellante en el juicio por robo de bebés que se realiza en Paraná.

En el Hospital Militar y en el IPP se hicieron inspecciones oculares como cierre de la etapa de producción de pruebas. Sabrina y su hermano mayor, Sebastián Álvarez, jueces, fiscales, abogados querellantes, los imputados Jorge Fariña, Pascual Guerrieri y Juan Daniel Amelong y tres enfermeras recorrieron las dependencias donde Raquel pasó sus últimos días, embarazada y en cautiverio. En la Guardia médica, guiados por la trabajadora de Maternidad que la asistió antes y durante el parto, visitaron la habitación donde estuvo detenida, custodiada las 24 horas. Luego rodearon el edificio y observaron la ventana que hace 33 años estaba enrejada con tablas de cajón de manzanas.

De allí fueron a Maternidad, un pabellón de techos altos y habitaciones que hoy están desocupadas. Una de esas piezas era la sala de partos. La enfermera explicó que allí dentro nacieron Sabrina y su hermano. Que un hombre que estaba en esa puerta, vestido de civil, entró y retiró al varón, que había nacido primero, argumentando que estaba cianótico. “Pero yo no lo vi cianótico, para nada”, recordó la mujer. Sabrina nació después y se quedó ahí con su mamá cuando la empleada se fue. Ayer al mediodía esa sala se dejaba ver vacía, con las paredes descascaradas y apenas iluminada con un cuadrado de luz que ingresaba por la única ventana.

Antes la comitiva había pasado por la sala 1, donde están las habitaciones, y Terapia Intensiva, donde los bebés estuvieron internados ya con sus identidades suprimidas. En aquellos años allí mandaba el médico militar Juan Antonio Zaccaría, hoy procesado, quien prefirió no participar de la inspección. En la otra punta del pasillo pero a pocos metros estaba la habitación 5, donde estuvo Raquel después del parto, vigilada por varios militares armados.

La segunda inspección fue en el IPP, en España 312. El despliegue de vehículos y de gente en esa calle céntrica motivó que se cortara el tránsito. Todos ingresaron por un pasillo angosto. Al final estaba la entrada de Neonatología. El médico Miguel Torrealday ofició de guía. Cerca estaban dos de sus tres socios: David Vainstub y Ángel Schroeder. Torrealday dijo que estaba muy conmovido y que su intención era colaborar con la Justicia. Pero Sabrina, después de estar allí, manifestó sus dudas y su enojo porque “ninguno de los cuatro médicos pueda asumir la responsabilidad que tuvieron en su momento”.

“No queremos más que encontrar al melli. Cómo cambiaría la historia si tiraran una pista certera. Esto nos deja un sabor amargo. No hallo una explicación a que esta gente con mucha trayectoria en Paraná, los cuatro o alguno de los cuatro, no sepan lo que pasó. Con las dimensiones de la sala, las características, el vidriado, hoy me parece imposible que Torrealday no haya sabido qué pasaba en esa clínica. Ellos saben lo que pasó, ahora lo tienen que decir, y espero que cuando termine el juicio pueda ir a darles un saludo sincero”, reflexionó.

En el IPP también estuvieron presentes enfermeras que colaboraron con la investigación: “Cada una fue aportando datos muy importantes y ya hay una relación de afecto con ellas, porque son un sostén muy importante en toda esta historia. Quiero destacar su valentía y su inmensa humanidad. Estuvo muy bueno encontrarme con ellas”, añadió.

Con los testimonios de ayer de Estela de Carlotto y de Miguel Bonasso –el del médico Jorge Eduardo Rossi no se realizará por sus problemas de salud– finalizó esta etapa del juicio por la causa Hospital Militar. Se abrió un cuarto intermedio hasta el 4 de octubre, cuando el acusado Amelong ampliará su indagatoria, se introducirán declaraciones testimoniales por lectura y se dará inicio a los alegatos.

“Para mí el proceso del juicio fue muy dinámico, muy preciso. Me parecen muy interesantes todos los avances que se han tenido, cada testimonio fue brindando mucha más fuerza a la hipótesis del bebé vivo, que ahora ya no lo dudamos más. Creemos que el mellizo vive y que alguien se lo llevó”, finalizó Sabrina.

Guerrieri y los CCD 
Ayer Guerrieri solicitó hablar por tercera vez en lo que va del juicio para contestar las acusaciones del testigo clave Eduardo Costanzo y para asegurar que no tiene “ningún pacto de silencio con nadie, excepto con Dios”, en contestación a la interpelación que le hicieran Sabrina y Jaime Dri.

Sobre el final de su intervención, terminó admitiendo la existencia de centros clandestinos de detención. Ante una pregunta de uno de los integrantes del tribunal, dijo: “A un ladrón común se lo pone en una cárcel común. En todas las guerras que hubo en el planeta siempre existieron los campos de concentración”. Aunque luego intentó desvincularse: “Aquí puede haber habido, yo no los conocí, no estaba en esa tarea. Estuve afectado al Mundial 78”.

Carlotto recordó que Torrealday sabía
La titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, recordó ayer la reunión que mantuvo hace 11 años con Miguel Torrealday, uno de los socios del IPP. Según relató, el médico le contó algunos detalles sobre la internación de bebés mellizos sin nombres provenientes del Hospital Militar –los hijos de Raquel Negro– en marzo de 1978. Esto entra en contradicción con lo dicho por el propio Torrealday en sus declaraciones: que no sabe nada o que no se acuerda.

Carlotto dijo que Torrealday le explicó porqué la niña ingresó el 4 de marzo y el niño el 10: “Él suponía que como la niña que había ingresado primero lloraba mucho, trajeron a su mellizo para que la acompañara, siendo que pareciera que el chiquito no estaba muy bien de salud”. Al declarar por videoconferencia, la titular de Abuelas dijo no recordar si Torrealday percibió esa circunstancia o si se la comentaron; pero sí es claro –de acuerdo con este testimonio– que estaba al tanto de los hechos. El encuentro entre Carlotto y Torrealday fue en 2000 y el médico se mostraba preocupado por haber supuestamente descubierto la anotación de bebés NN en el libro de ingresos del IPP. Sin embargo Torrealday declaró que detectó esas inscripciones mucho antes, en 1989.

Luego declaró el diputado nacional y periodista Miguel Bonasso, quien ratificó lo publicado en su libro Recuerdo de la muerte y responsabilizó a los imputados por el cautiverio de Raquel Negro y su traslado al Hospital Militar de Paraná para dar a luz.

Alfredo Hoffman 
De la Redacción de UNO

jueves, 22 de septiembre de 2011

Cómo robaron los mellizos de Raquel Negro, según Costanzo

El testigo clave relacionó a los acusados con los delitos que se investigan en la causa Hospital Militar. También pidió que se tomen medidas para determinar si Navone o su hermano tienen a un hijo de desaparecidos.

Eduardo Rodolfo Costanzo, alias El Tucu, ex personal civil de Inteligencia del Ejército, contó ayer todo lo que dice saber sobre el capítulo del genocidio de la última dictadura que comprende a la santafesina desaparecida Raquel Negro y a sus mellizos. Su testimonio cumplió con las expectativas que existían, especialmente sobre dos cuestiones: por un lado, cómo fue el plan para robar los bebés y sustituirle la identidad y quiénes fueron algunos de los responsables de idearlo y ejecutarlo; y en segundo lugar, qué pudo haber pasado con el niño que todavía sigue siendo buscado. Sobre lo primero responsabilizó a cinco acusados: Pascual Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Daniel Amelong, Walter Pagano y Marino González. Sólo dejó afuera al médico Juan Antonio Zaccaría, a quien dijo no conocer. Sobre lo segundo, dio marcha atrás con sus manifestaciones anteriores acerca de que el bebé muirió al nacer y hasta pidió que se investigue la hipótesis según la cual el apropiador habría sido el militar que se suicidó en 2008, Paul Navone, o un hermano de éste.

Costanzo llegó a las 10 en punto a la sede tribunalicia donde se realiza el juicio. Un auto con vidrios polarizados ingresó raudamente al edificio de calle 25 de Mayo luego de trasladarlo desde Rosario, donde cumple prisión domiliaria por la condena a perpetuidad que le cabió en el juicio por la causa Guerrieri. Fue el único testigo de la décimo tercera jornada y sus antecedentes de haber declarado en contra de sus pares represores motivaron que estuvieran desbordadas de público las dos salas dispuestas por el Tribunal Oral Federal de Paraná para el desarrollo del debate. La ansiedad también dominó a los imputados, en especial a Jorge Alberto Fariña, quien pidió prestar declaración indagatoria antes de que Costanzo compareciera ante los jueces, luego de haber permanecido callado durante todo el mes que lleva el juicio. Lo hizo para anticiparse a las acusaciones y calificar a su ex subordinado como “fabulador, mitómano, extorsionador” y “persona perversa”.

Cuando El Tucu ingresó a la sala, un detalle de su vestimenta dominó la escena: llevaba puesta la misma corbata con figuras de Mickey y otros personajes de Disney que usó cuando concedió una entrevista al periodista Carlos Del Frade hace 15 años, cuando contó por primera vez que Raquel Negro había dado a luz a mellizos en el Hospital Militar de Paraná, un niño y una niña, y que el varón había muerto en el parto.

Esa imagen contrastante, como la calificó Del Frade cuando la mencionó en su declaración de la semana pasada, era una señal de que venía siguiendo el hilo juicio, algo que confirmó cuando rectificó su versión de que el niño había muerto para decir que sólo fue un comentario de sus compañeros que realizaban la custodia de Raquel Negro en Paraná: “No sé si lo contaron porque se lo quedó alguno de ellos. Ahora, mirando los diarios veo las declaraciones de los médicos de que el chiquito no nació muerto”.

En esa misma línea, reconoció que su defensor en Rosario aportó como prueba la copia de un mail que, según dijo, le dejaron en su casa, en el cual se habla de que Navone se habría quedado con el bebé. Se trataría de un intercambio entre Carlos Razetti –hijo del dirigente justicialista asesinado por la Triple A, Constantino Razetti– y un periodista argentino radicado en Barcelona, Oscar Copaitich. Aseguró que desde hace un año y medio viene reclamando que se le tome declaración a Razetti, quien “tiene todo para decir sobre quiénes mataron a Raquel Negro y quién tiene el mellizo”, y ahora a Copaitich, quien –según indicó– "se crió” con los hermanos Navone en la localidad santafesina de Casilda. "Háganle un ADN al hijo de Navone, que el día que se mató lo mandaron a España, y al hijo del hermano de Navone, que vive en Casilda, porque se comentaba que tenían un hijo de desaparecidos él o el hermano", sostuvo.

El plan y los responsables

Constanzo dijo suponer que la orden para trasladar a Raquel Negro embarazada al Hospital Militar de Paraná, desde su lugar de cautiverio en la zona de Rosario, la dio “la cúpula de arriba”, es decir el comandante del Segundo Cuerpo de Ejército, Leopoldo Fortunato Guerrieri, o su lugarteniente, Luciano Adolfo Jáuregui, o el mismo Guerrieri, segundo jefe del Destacamento de Inteligencia 121.

Dijo también que vio a Raquel embarazada en el centro clandestino de detención que funcionaba en la Quinta de Funes, que “operativamente dirigía Guerrieri” y donde actuaba el resto de la “patota” del DI 121: Fariña como jefe de la sección Operaciones Especiales, Amelong como segundo jefe de esa sección y González “en la sección calle”. Los cuatro “sabían vida y milagro” de todo lo que ocurría. La “patota” eran la que “operaba, detenía, hacía los vuelos de la muerte”.

Sobre el traslado de Negro indicó: “Quién se encargó de todos los trámites fue Marino González, él organizaba las guardias, quién tenía que venir a cuidarla; me imagino que en comunicación con gente del hospital”, dijo. Específicamente mencionó que González debe haber tenido contacto con Navone en el nosocomio.

“La hicieron figurar como la sobrina de Galtieri, la internaron y venían a hacer guardia mis compañeros. Aclaro que yo nunca vine, nunca me designaron. La guardia cambiaba cada 24 horas. Los muchachos contaban cómo era el servicio, cómo le llevaban la comida para ella y para la custodia a la habitación, que estaba apartada, con dos camas”, dijo. “Me lo decían El Barba, El Puma, Scilabra, todos los que habían hecho guardia”.

Tambjién le comentaron que nacieron un varón y una mujer. La niña, Sabrina Gullino, que pudo recuperar verdadera identidad, fue abandonada en el Hogar del Huérfano de Rosario. Costanzo reiteró lo que viene diciendo al respecto: “Después me entero, porque me lo contó Pagano, que él y Amelong la tiraron a la nena en la puerta de un convento. Orgulloso estoy de que hoy Sabrina tenga su identidad gracias a mí. Lo que sé es que Amelong se quedó en el auto y Pagano la dejó en el hall. Contó que dejó un escarbadientes para que el timbre siguiera sonando y la monja de arriba preguntó '¿qué busca?' y salió corriendo (…) Nos cagamos de risa (…) No sé quién la trajo a la bebé ni cuándo ni cómo llega a manos de ellos”.

A Raquel Negro la vio por últma vez ya sin vida, “la noche que mataron a los 16 detenidos en la quinta de Amelong”, en referencia a La Intermedia. “Después que los cargan a todos en un camión, un Merceditos Benz, para llevarlos al aeropuerto para tirarlos al mar, para un auto al lado mío, se bajan tres o cuatro tipos, abren el baúl, miro así y la veo totalmente desnuda, con una bolsa de plástico acá (en la cabeza) y atadas las manos. La sacaron y la cargaron junto con los otros muertos”.

El encargado de tirar los cuerpos desde los aviones, según manifestó, era el imputado González: "Les digo a Sabrina y a Sebastián (el hijo mayor de Raquel Negro): mírenle bien el rostro a Marino González, porque él es el último que tocó a su madre, porque era él quien tiraba la gente de los aviones".

“A él le creen y a mí no”

El imputado Jorge Fariña pidió prestar declaración indagatoria antes del testimonio de Eduardo Costanzo. Lo hizo para anticiparse a las acusaciones diciendo que su ex subordinado tiene "animosidad" contra él y que es un "fabulador, mentiroso, mitómanmo, extorsionador, un personaje perverso".

"A él se le cree todo y a mí no se me cree nada, que soy todo lo contrario y reconocido en todas las ciudades donde estuve. Soy una persona de bien".

Luego añadió: "Creo que la investigación debe dirigirse y profundizarse principalmente sobre Costanzo y Navone, y sobre el IPP (Instituto Privado de Pediatría). Yo no tengo absolutamente nada que ver, ojalá se llegue a buen término y ojalá se sepa qué es lo que sucedió con los mellizos de la señora Raquel Negro".

Alfredo Hoffman
De la Redacción de UNO

lunes, 19 de septiembre de 2011

Robo de bebés: Costanzo concentra la atención en la quinta semana

COSTANZO, SI SU SALUD SE LO PERMITE, DECLARARÁ
ESTE MIÉRCOLES EN PARANÁ. (FOTO: TÉLAM)

El represor debe declarar como testigo el miércoles y la expectativa está en que agregue datos sobre el destino del hijo varón de la desaparecida Raquel Negro. El jueves declararán por videoconferencia Estela de Carlotto y Miguel Bonasso.

Eduardo Tucu Costanzo, ex personal civil de Inteligencia del Ejército, debe declarar este miércoles en el juicio oral y público por robo de bebés durante la última dictadura militar que se desarrolla en Paraná. Su testimonio es considerado clave por las precisiones que puede aportar a la investigación, tendiente a determinar responsabilidades sobre el robo de los bebés mellizos de los militantes desaparecidos Raquel Negro y Tulio Valenzuela –nacidos en el Hospital Militar en 1978– y la sustitución de sus identidades.
 
Además de Costanzo, para el jueves se prevé que declararen, mediante videoconferencia desde Buenos Aires, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y el diputado nacional y periodista Miguel Bonasso, autor del libro Recuerdo de la muerte en el que abordó el caso de Valenzuela y Negro.

Luego de las videoconferencias, para el mismo jueves está previsto que se realicen las inspecciones judiciales en el Hospital Militar y el Instituto Privado de Pediatría. Si todo transcurre de acuerdo a la previsto, el viernes no habría actividad y se abriría el plazo para la formulación de los alegatos, se informó a UNO.
 
El tucumano ex servicio de inteligencia se encuentra cumpliendo condena de prisión perpetua en forma domiciliaria, en Rosario, por las violaciones a los derechos humanos en los centros clandestinos de detención de esa ciudad que fueron juzgadas en la causa Guerrieri. Su testimonial en la causa Hospital Militar estaba prevista en principio para el 31 de agosto, pero se suspendió porque padecía “diverticulitis aguda” con episodios de diarrea, según el certificado médico que presentó al Tribunal Oral Federal de Paraná.
 
Tanto en la instrucción de la causa como en algunos medios de comunicación, Costanzo dio detalles sobre el cautiverio de Raquel Negro embarazada en los CCD Quinta de Funes, escuela Magnasco y La Intermedia; sobre su traslado a Paraná para dar a luz en el Hospital Militar y sobre el robo de los bebés. Dijo que el mellizo varón nació muerto y que a la mujer la dejaron Walter Pagano y Juan Daniel Amelong –dos de los procesados– en la puerta de un orfanato rosarino. La versión de la niña se confirmó cuando Sabrina Gullino conoció su verdadera identidad y se supo que había sido abandonada en el Hogar del Huérfano.

En cuanto al varón, el procesado Pascual Guerrieri dijo durante el juicio que Costanzo sabe que se lo quedó el militar Paul Navone, quien también estaba imputado en la causa pero se suicidó el día que debía prestar declaración indagatoria. Al respecto, buscando desligarse de su responsabilidad como segundo jefe del Destacamento de Inteligencia 121, Guerrieri presentó como prueba un supuesto mail de Costanzo donde relatara esta versión. Este tema será una de las preguntas obligadas este miércoles.
 
Sobre el destino de Raquel Negro, Costanzo dijo que la vio llegar muerta a La Intermedia, desnuda y atada en el baúl de un Peugeot 504.
 
Además de las responsabilidades de Guerrieri, Amelong y Pagano, este represor también atribuye poder de decisión en el plan para el robo de bebés a los acusados Jorge Alberto Fariña, como jefe de Operaciones Especiales del DI 121, y a Héctor Marino Gonález, por haber coordinado las guardias para custodiar a Raquel en el nosocomio de avenida Ejército.
 
Además de Guerrieri, Amelong, Pagano, González y Fariña, está acusado el médico militar anestesista Juan Antonio Zaccaría, quien se desempeñaba como jefe de Terapia Intensiva del Hospital Militar de Paraná.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Jaime Dri involucró a Fariña, Guerrieri, Amelong y Pagano


En el juicio, el sobreviviente del terrorismo de Estado nombró a los cuatro represores como responsables del cautiverio de Raquel Negro y de organizar su traslado a Paraná para dar a luz

Desde Panamá, mirando en un monitor a quienes lo tuvieron cautivo en los centros clandestinos de detención de Rosario hace 33 años, Jaime Dri cerró ayer su esclarecedor testimonio ante el Tribunal Oral Federal de Paraná con una exigencia contundente: “Les digo a Sebastián, Jorge, Daniel y Sergio II que hagan un acto histórico y digan dónde está el hermano de Sabrina y el Sebas. Rompan el pacto de silencio”. El ex detenido-desaparecido, que pudo escapar de su secuestro durante la última dictadura, se dirigió de esa manera a cuatro de los acusados en el juicio por la causa Hospital Militar, donde se investiga el robo y la sustitución de la identidad de los hijos mellizos de sus ex compañeros de militancia y de cautiverio, Raquel Negro y Tulio Tucho Valenzuela. Sabrina es la joven que recuperó su identidad y Sebas es su hermano mayor, Sebastián Álvarez.

En los campos de concentración que funcionaban en la Quinta de Funes, en la escuela Magnasco y en La Intermedia, Sebastián era Jorge Alberto Fariña, Jorge era Pascual Oscar Guerrieri, Daniel era Juan Daniel Amelong y Sergio II era Walter Salvador Dionisio Pagano. Dri los volvió a reconocer por sistema de videoconferencia, a 5.000 kilómetros de distancia, sentados en el banquillo de los acusados junto a Juan Antonio Zaccaría y Marino Héctor González. Su testimonio sirvió para comprometerlos con los crímenes investigados. Hasta el jueves Guerrieri se reía porque los testigos no lo nombraban. Ahora la situación es otra.

El entrerriano Dri, con su declaración, responsabilizó a los cuatro represores por tener cautiva a la madre de los mellizos y organizar su traslado al Hospital Militar de Paraná para que aquí nacieran los niños que luego serían atendidos en el Instituto Privado de Pediatría y sustraídos. También fueron quienes participaron del asesinato y desaparición de Raquel, según quedó establecido en el juicio que se desarrolló en Rosario.

El ex diputado justicialista dijo que María –apodo con el que conoció a Raquel Negro– fue secuestrada en Mar del Plata el 1º de enero de 1978 junto a su hijo Sebastián, que tenía 1 año y medio, y su pareja Tucho Valenzuela. Al día siguiente los tres llegaron a la Quinta de Funes, donde él estaba desde fines de 1977. Cuando el fiscal José Ignacio Candioti le preguntó quién la tenía detenida a Raquel, dijo sin dudar que “el de mayor rango era Jorge”, por Guerrieri, y quien comandaba el grupo operativo era Sebastián, por Fariña.

Un domingo por la tarde, cuando Tucho acababa de aceptar participar de la llamada Operación México para asesinar a la cúpula de Montoneros, que luego desbarataría, Raquel salió de la Quinta de Funes acompañada de miembros de la patota. Fue a Santa Fe a dejar a su hijo mayor con los abuelos maternos. Luego de la fuga de Tucho y de su denuncia internacional de las violaciones a los derechos humanos, todos los detenidos fueron trasladados a la escuela Magnasco, en Rosario, y de allí a La Intermedia, en la autopista que une esa ciudad y Santa Fe. Desde ahí Raquel fue “sacada en dos oportunidades: la llevaron a Paraná a los efectos de un chequeo médico”. No la llevaban por la autopista, sino que la retiraban por un camino de tierra que pasaba por debajo de un puente, que Dri reconoció durante una inspección que se realizó en el marco del juicio en Rosario.

Cuando regresó del segundo chequeo, le comentó que quienes la atendieron le habían dicho que todavía faltaba un tiempo para el parto. Por eso sorprendió lo que sucedió algunos días después: “Jorge reunió a todos. A mí me dijo que si querían me mataban y a María le comunicaron que nuevamente la llevaban a Paraná. Era de suponer que pudiera haber un desenlace peor”.

“La llevaron una mañana temprano. Al poco tiempo llegó la noticia de que había tenido mellizos, que estaba bien y en pocos días la iban a traer a la Intermedia”, dijo Dri. Incluso recordó que alguien dijo: “Este hijo de puta de Tucho encima tuvo mellizos”. Era claro que ambos bebés estaban vivos, pese a que luego se echó a circular la versión de que el varón falleció. También que la habían llevado al Hospital Militar de la capital entrerriana. Luego a él lo trasladaron a la ESMA y ya no volvió a ver a Raquel, que hoy continúa desaparecida.

Una detenida en el hospital
Luego de Dri declaró un testigo que se desempeñaba como fisioterapeuta en el Hospital Militar mientras hacía la conscripción. Contó que en una oportunidad lo enviaron a realizar un refuerzo de guardia a la sala de Enfermería del nosocomio, donde se encontraba una mujer detenida, atada de pies y manos.

Esto sucedió entre abril de 1977 y abril de 1978, que fue el período durante el cual realizó la conscripción. Raquel Negro estuvo cautiva allí durante la parte final de ese lapso de tiempo. De todos modos, el hombre no supo precisar si esa mujer se encontraba embarazada o si había tenido familia.

Las primeras revelaciones de Costanzo
Reynaldo Sietecase expuso ante el tribunal sobre la entrevista que realizó al represor Eduardo Tucu Costanzo en junio de 1992. Durante las tres horas que duró aquel encuentro, el hombre que había llegado a la Redacción del diario Rosario 12 vistiendo un largo sobretodo negro, hizo una serie de revelaciones sobre la represión ilegal que el periodista rememoró ayer.

Sietecase recordó que Costanzo le habló de la “ejecución de 14 o 16 presos políticos” en lo que luego se confirmó que era el centro clandestino de detención La Intermedia. Entre esas víctimas el entrevistado nombró a María, pseudónimo de Raquel Negro.

Entre los represores que estuvieron a cargo de aquella matanza, el ex servicio de Inteligencia mencionó –entre otros– a Fariña y a Guerrieri, dos de los acusados en el juicio.

“Después no pudimos encontrar más a Costanzo. Tiempo más tarde habló con otros periodistas, con Carlos Del Frade y José Maggi”, comentó el periodista. Y destacó que en esas posteriores declaraciones fue “abundando en más detalles”.

Además remarcó que lo que había dicho El Tucu en 1992 “empezó a cerrar” y a demostrarse como cierto. “Nunca nadie desmintió la nota”, dijo Sietecase, con excepción de Rodolfo Rieggé, quien en aquel entonces era flamante subsecretario de Seguridad del ex gobernador santafesino Carlos Reutemann y en otro reportaje negó haber tenido la participación en aquellos hechos que le había adjudicado Costanzo.

“Debe ser mi nota más importante en cuanto a lo que significó para la sociedad”, reflexionó sobre el final de su testimonio.

El tribunal tendrá oportunidad de averiguar más sobre lo que sabe Costanzo cuando le tome declaración testimonial la semana que viene.

Alfredo Hoffman 
De la Redacción de UNO 

viernes, 16 de septiembre de 2011

Pascual Guerrieri volvió a declarar y pasó de la ironía al sarcasmo

La mirada del represor. (Foto: UNO/Juan Ignacio Pereira)

El represor juzgado en Paraná se burló de las víctimas: “Tengo cinco hijos y ocho nietos, ¿para qué quiero un bebé más?”. Hizo chistes con el Tribunal y se victimizó.

La emoción que transmitió el hermano de la desaparecida Raquel Negro y tío biológico de Sabrina Gullino, Jorge Rogelio Negro; la precisión sobre el accionar represivo que tuvo en su relato Horacio Ballester, titular del Centro de Militares para la Democracia Argentina (Cemida); los aplausos del público como cierre de ambos testimonios; en suma, el avance que va teniendo en las últimas semanas el esclarecimiento de la verdad histórica, terminó por irritar ayer a los represores que son juzgados en Paraná por robo de bebés. El más afectado fue Pascual Oscar Guerrieri, el que más alto rango militar entre los seis acusados tenía durante la dictadura, quien pidió ampliar su declaración indagatoria para abundar en la ironía y hacer uso del sarcasmo.

Con un poco de ira incontenible y mucho de sobreactuación, Guerrieri pidió hablar para opinar sobre la descripción de la Doctrina de Seguridad Nacional y el cuestionamiento de la obediencia debida que había hecho Ballester, aceptando preguntas del Tribunal y los fiscales pero no de los querellantes; pero terminó insistiendo con su reivindicación del terrorismo de Estado.

Quien fuera cabecilla del Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario –la patota que ya fue condenada por la matanza de los detenidos en la Quinta de Funes y que ahora es juzgada por organizar el plan para robar los hijos de Raquel Negro– pretendió ningunear a Ballester diciendo que no lo conocía, que creía que era coronel. Esto mereció que el presidente del Tribunal, Roberto López Arango, le pidiera que no fuera irónico. Luego de hacerse el desentendido, Guerrieri dijo que en realidad sí lo conocía y adjudicó sus críticas a que “no pudo ascender a general”. Terminó admitiendo la observación del juez: “Puede tener razón, también tengo un poco de rabia, por los aplausos. Venimos sufriendo hace mucho”.

En algunos pasajes de su declaración jugueteó con el dolor de las víctimas y familiares. Por ejemplo cuando dijo: “Jamás me hubiera puesto a ordenar robo de bebés. No lo hubiera aceptado nunca por formación moral. Tengo cinco hijos y ocho nietos, ¿para qué quiero un bebé más?¿Para venderlo a Alemania?”. El sarcasmo también apareció cuando cuestionó las indemnizaciones del Estado a familiares y víctimas: “Acá todo el mundo está cobrando peaje, menos nosotros”.

Guerrieri se permitió hacer preguntas a los jueces y fiscales. Al presidente del Tribunal le llegó a preguntar qué edad tenía y cuando le respondió que tenía algunos años menos que él, hasta se hizo el gracioso: “Le voy a decir un piropo: parece menos”. El chiste fue festejado en el estrado.

El acusado pretendía seguir con el diálogo. En un momento preguntó si alguien sabía por qué la bandera argentina –a la que él dijo defender y no a la soviética– tiene un sol en el centro. El fiscal José Ignacio Candioti reaccionó con una aclaración que no había llegado a tiempo desde el Tribunal: “No estamos acá para ser interrogados”.

El pico de su acalorada intervención fue cuando dijo que había una “guerra jurídica” contra ellos, que tenía en “la primera línea” a los jueces federales, y que prefiere que lo fusilen antes de que lo juzguen: “Cuando cambiaron la ley de Obediencia Debida, ¿por qué no pusieron la ley de fusilamiento? Estaría contento de estar frente a un pelotón de fusilamiento, porque sería como (Manuel) Dorrego, un héroe nacional, y ahora soy un delincuente. Si es posible, que nos fusilen, le peticiono a las autoridades”.

Obediencia

Antes, Ballester había puesto énfasis en la posibilidad de los militares de desobedecer las órdenes ilegales: “El militar no es un cumplidor de órdenes robótico, si cumple o no es un problema de conciencia”, afirmó. En otro pasaje citó ejemplos de mandatos a todas luces ilegales que se impartían durante la dictadura: “Nadie está obligado a cumplir órdenes ilegales. Las torturas, violaciones, los robo de bebés no estaban contemplados como funciones del Ejército”, sostuvo.

En un momento de esta testimonial, el imputado Amelong comenzó a realizar preguntas en ejercicio de su autodefensa. Sus interrogaciones apuntaban a artículos de reglamentos militares, en lo que se parecía más a un examen que a un juicio. La situación irritó a la querella, que objetó la intervención del represor, porque en vez de preguntar estaba "alegando".

Sin embargo, López Arango permitió que el militar ya condenado por gravísimos delitos de lesa humanidad continuara con sus digresiones, mientras que amenazó con hacerlo retirar de la sala al abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, Álvaro Baella, por manifestar su disconformidad con la decisión del magistrado. Cuando al final de la audiencia Baella quiso manifestar su oposición a esa advertencia, porque expulsarlo no es facultad del presidente solo sino del Tribunal, se la rechazó por extemporánea.

Finalmente, María Belén Rodríguez Cardozo, directora del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) con sede en el Hospital Durand, confirmó en el juicio el correcto procedimiento que se llevó a cabo para confirmar la pertenencia de Sabrina Gullino al grupo familiar Valenzuela-Negro. Dijo que “se arribó a lo que se llama probabilidad de parentalidad” con un 99,9999% de precisión, y aclaró que “el 100% nunca se puede obtener matemáticamente”.

El testimonio del padre adoptivo de Sabrina

“Nunca nos imaginamos que Sabrina era hija de desaparecidos. Siempre pensamos que el mecanismo era otro: que los militares se quedaban con los hijos de los desaparecidos o que se los entregaban a los conocidos”, contó este jueves ante el Tribunal Oral Federal el bioquímico jubilado Raúl Francisco Gullino, padre adoptivo de la hija de los desaparecidos Raquel Negro y Tulio Valenzuela. En su declaración en el juicio por la causa Hospital Militar, confirmó que los primeros días de abril fue con su esposa a retirar a la beba por orden de la Justicia de Menores al Hogar del Huérfano de Rosario, donde había sido abandonada por los represores en el marco del plan para la sustracción de Sabrina y su hermano mellizo por el cual se juzga a Pascual Oscar Guerrieri, Juan Daniel Amelong, Jorge Fariña, Walter Pagano, Marino González y Juan Antonio Zaccaría.

“Un día estábamos almorzando con mi señora y en Canal de 3 de Rosario aparece un movilero que va a hacer una nota al Hogar del Huérfano, porque habían dejado abandonado un bebé. Hicimos el comentario: 'A ver si es para nosotros esta beba'”, dijo. Tres o cuatro días después, el matrimonio recibió un llamado de la Justicia avisándoles que había una niña para ellos. Se trataba de la misma criatura que había sido abandonada.

“En el Hogar del Huérfano nos hicieron pasar, la madre superiora nos mostró a Sabrina y nos dijo que la habían dejado abandonada en la puerta; pero no vieron nada, no escucharon nada. Alguien que salía o que entraba se encontró con la bebé y la tuvieron a su cuidado”, recordó. Eso fue el 3 de abril del 78, una semana después del abandono.

Sabrina nunca desconoció su condición de adoptada, ya que sus padres se lo fueron haciendo saber desde muy chica. Pero nunca se imaginaban ellos que era hija de desaparecidos. Emocionado, Gullino dijo que lo único que le ocultaron a su hija fue que había sido abandonada, como forma de protegerla. Recién se lo contaron días antes de que se realizara el análisis de ADN, cuando ya los habían llamado desde el Juzgado Federal de Paraná y tenían la firme sospecha, por la información que habían leído en la prensa, de que era la hija melliza de Raquel Negro y Tulio Valenzuela.

Finalmente, Francisco hizo un agradecimiento a “todos los que han ayudado a Sabrina en todo este proceso, llámese la organización HIJOS, Abuelas de Plaza de Mayo, Secretaría de Derechos Humanos, a sus hermano Sebastián y Matías, a toda la gente que nos ha tocado conocer acá en el Juzgado Federal de Paraná que nos han tratado en forma tan amable”.

El mensaje del tío

"Quisiera hacer un pedido y un deseo: que con todo esto haya alguna persona que se mueva, que le llegue, que le toque, y que diga algo sobre mi sobrino; que dé una noticia", dijo Jorge Rogelio Negro, hermano de la desaparecida Raquel Negro, al declarar en el juicio. “Sería bárbaro, como fue hermoso encontrar a Sabrina, llegar a concretar esto con la llegada de mi sobrino. Por eso pido a quien sea que aporte algún dato para poder llegar al final de todo esto”, agregó ante el Tribunal.

“Y también quiero decir que yo a Tulio Valenzuela, el papá de Sabrina, lo vi una sola vez en mi vida, no puedo decir que lo conocí, pero si conocí bien a Marcelino Álvarez y a Raquel Negro: estoy seguro que los tres estarían orgullosos de sus hijos, muy orgullosos, de haber llevado adelante todo esto y también el haberse conocido, haberse querido tanto y llevarse tan bien”, remarcó.

Alfredo Hoffman
De la Redacción de UNO

jueves, 15 de septiembre de 2011

Jorge Negro: “Encontrar a mi sobrino y conocerlo, ese sería el final soñado”

El hermano de Raquel Negro, la detenida desaparecida cuyos bebés fueron robados durante la época de la represión, hizo declaraciones muy emotivas en la 11ª jornada del juicio por la Causa Hospital Militar.
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En la 11ª jornada de testimoniales en el marco del juicio por la Causa Hospital Militar, uno de los testigos fue Jorge Rogelio Negro, hermano de la detenida desaparecida Raquel Negro.

Tras hacer una emotiva declaración testimonial, dialogó con UNO sobre sus expectativas en este proceso penal.

“La verdad es que después de treinta y tantos años, por fin la justicia está haciendo lo que tiene que hacer. Tomando los dichos de los familiares y la gente que ha sido secuestrada, y juzgando a los secuestradores. Es lo mejor de todo”, expresó.

Luego hizo en hincapié en algo que había manifestado ante el Tribunal Oral Federal: “Si hay alguien que sabe algo, que se anime y hable. Esperemos que algún día se va a saber la verdad, tal como ya pasó con Sabrina. De alguna forma o de otra se va a saber”.

Por último, destacó que “es muy importante también el apoyo de la gente que se ha acercado a las audiencias. Ahora lo único que falta es encontrar a mi sobrino y conocerlo, ese sería el final soñado de todo esto”.


Luciana Actis
De la Redacción de UNO