lunes, 12 de septiembre de 2011

El juicio por la causa Hospital Militar ingresa en su etapa definitoria

Foto: UNO/Juan Ignacio Pereira
Para esta semana están previstas las últimas testimoniales, mientras quedan pendientes las inspecciones oculares. El capítulo del IPP está todavía con final abierto.


Para esta semana están previstas las últimas testimoniales en el juicio por la causa Hospital Militar, que juzga a los represores Juan Antonio Zaccaría, Pascual Guerrieri, Juan Daniel Amelong, Walter Pagano, Marino González y Jorge Fariña, acusados del robo de los hijos mellizos de la desaparecida Raquel Negro y la alteración de sus identidades. De todos modos, todavía no tienen fecha tres declaraciones: las del condenado por delitos de lesa humanidad Eduardo Rodolfo Costanzo, la del cuarto socio del Instituto Privado de Pediatría (IPP), Jorge Eduardo Rossi, y la de un testigo nuevo propuesto por los querellantes. También están pendientes las inspecciones a esa clínica y al Hospital Militar de Paraná.

Entre otros testigos se espera que declaren los últimos empleados del Instituto Privado de Pediatría (IPP); el sobreviviente de la ESMA y la Quinta de Funes, Jaime Dri; la nieta recuperada Victoria Torres; el coronel retirado Horacio Pantaleón Ballester, del Centro de Militares para la Democracia Argentina (Cemida), y la directora del Banco Nacional de Datos Genéticos, María Belén Rodríguez Cardozo, se informó a UNO. Está por confirmarse la participación de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.

Luego de finalizados los testimonios y las inspecciones será el turno de lo alegatos, las últimas palabras de los procesados y la sentencia del Tribunal Oral Federal que integran Roberto López Arango, Lilia Carnero, Juan Carlos Vallejo y María Ivón Vella.

Final abierto
Los tres socios del IPP que declararon hasta el momento (Miguel Torrealday, David Vainstub y Ángel Luis Schroeder) coincidieron en manifestar su desconocimiento acerca de la internación en la sala de Neonatología de la clínica de los hijos de Raquel Negro, que fueron registrados como NN López y Soledad López en marzo de 1978. La insistencia en manifestar su ignorancia sobre lo sucedido, y sobre los médicos de guardia que atendieron a los niños y les dieron el alta, llevó a los miembros del Tribunal a recordarles que estaban declarando bajo juramento de decir la verdad. A Torrealday la jueza Carnero le dijo directamente que creía que estaba “omitiendo información”.

Vainstub y Schroeder fueron careados, porque el primero sostenía que el jefe de Neonatología era Torrealday. De ese careo surgió que, efectivamente, él ejercía el rol de encargado. También quedó claro que fue quien ideó el servicio en 1977. A ambos datos los terminó admitiendo el mismo Torrealday durante su ampliación testimonial del viernes. Ahora debería definirse si haber tenido esa función implica que no pudo desconocer los hechos.

Las declaraciones de este miércoles de empleados del IPP, más la de Rossi –todavía con fecha a definir– completarán la etapa del juicio que busca reconstruir lo sucedido en Neonatología, un capítulo todavía con final abierto.

Mientras tanto, continúa abierta la expectativa por la posibilidad de sumar datos que permitan avanzar en la búsqueda del mellizo varón, de quien no se conoce el paradero.

Lo que sigue
El miércoles declararán empleados del Instituto de Pediatría, los periodistas Carlos Del Frade y Miguel Bonasso y un militar retirado.

El jueves será el turno del padre adoptivo de Sabrina Gullino –la hija de Raquel Negro que recuperó su identidad en 2008–, Raúl Gullino, y el tío de la joven y hermano de Raquel, Jorge Rogelio Negro; el periodista Reynaldo Sietecase; el militar del Cemida Horacio Ballester y la titular del Banco de Datos Genéticos, María Belén Rodríguez Cardozo.

Para el viernes estaba previsto el testimonio Carlotto, además de Jaime Dri –lo haría por videoconferencia desde Panamá– y Victoria Torres.

Alfredo Hoffman
De la Redacción de UNO

sábado, 10 de septiembre de 2011

No controlaban a los médicos en el Instituto de Pediatría


En la causa por robo de bebés, los socios del IPP manifestaron desconocer quién atendió y dio de alta a los hijos de la desaparecida Raquel Negro. “Cualquiera podía retirar a un paciente”, dijeron

En la novena jornada del juicio por robo de bebés, los socios del Instituto Privado de Peditaría (IPP) hicieron hincapié en la falta de control sobre lo que hacía cada médico que internaba niños en la sala de Neonatología e incluso sobre la entrega de los bebés dados de alta. “Desgraciadamente no se pedía documento, nada. Cualquiera podía ir y decir que era el padre y llevarse el chico”, reconoció uno de ellos. Así se desvincularon de la atención que tuvieron allí los mellizos sustraídos a la militante desaparecida Raquel Negro durante la última dictadura.

Los pediatras David Vainstub y Ángel Schroeder declararon ayer en el juicio por la sustracción y sustitución de identidad de los hijos de Negro y Tulio Valenzuela, que tiene como acusados a los represores Pascual Guerrieri, Juan Amelong, Walter Pagano, Marino González, Jorge Fariña y Juan Antonio Zaccaría. No aportaron datos sobre la todavía misteriosa internación en el IPP de los niños, registrados como NN López y Soledad López en marzo de 1978. De esos bebés, uno recuperó su identidad y otro continúa desaparecido. Se mantuvieron firmes en su postura de que no vieron ni escucharon lo que sí conocieron enfermeras del lugar: la internación de hijos de una “guerrillera” a los que nadie iba a visitar y que estaban en cunas rotuladas con carteles donde se leía “NN”.

La audiencia tuvo como particularidad el careo al que sometieron a Vainstub y Schroeder, a pedido de las querellas y con la adhesión de los fiscales. El objetivo era dilucidar si Miguel Torrealday era o no el jefe del servicio de Neonatología, como había mencionado el primero y rechazado el segundo. Finalmente, luego de un intercambio, se pusieron de acuerdo en que cumplía ese rol en la práctica durante la época de los hechos. Entonces, el tribunal dispuso que fueran a buscar a ese profesional a su domicilio para que ampliara su testimonial. Media hora después, Torrealday dijo que si bien “no había una figura de encargado”, sus colegas lo consultaban porque era quien “tenía más experiencia y más conocimiento”.

El interés radicaba en conocer quién tomaba las decisiones en la unidad del IPP donde estuvieron internados los niños y desde donde fueron entregados a una pareja que supuestamente se los llevaba en adopción, según el relato de una enfermera de la clínica.

Se supone que el encargado pudo haber tenido contacto con los niños y haber tenido conocimiento de las circunstancias que rodearon al alta de los bebés, pero Torrealday insistió ayer con que no sabe nada. Sin control.

“Cuando se inició, el IPP era una institución abierta, los médicos de todo Paraná venían con el chico, lo internaban, lo seguían, los medicaban y hasta le daban el alta. Cualquier médico de la ciudad podía internar sin que nosotros intervengamos”, aseguró Vainstub.

“Era el médico de cabecera, al que se le daba mucha importancia. El IPP no hacía ningún seguimiento”, sostuvo el profesional, argumentando su ignorancia sobre lo que pasó en la clínica con los niños, de lo cual “se desayunó” cuando vio los libros con los registros de NN, muchos años después.

Además de no controlar a los profesionales, tampoco lo hacían con los registros de ingreso y egreso a Neonatología: “Los hacían en la Enfermería y la chica administradora que había en ese momento (ya fallecida). Yo nunca intervine en el asentamiento de ningún dato en ningún libro. No me consta si alguno de los socios efectuaba un control sobre los libros”, dijo el mismo testigo.

El caos puesto de manifiesto era tal que “el alta lo ordenaba el médico de cabecera” y “no había control de quién retiraba el bebé, cualquier persona podía ir y decir que iba a retirar el bebé”.

Schroeder, por su parte, señaló que a los niños internados “los controlaba el médico de cabecera, que podía ser cualquier médico de Paraná” y los dueños no ejercían control sobre eso “salvo urgencias”. Además en la parte administrativa ni él ni sus socios “veían los registros que ahí se llevaban” y “el alta se hacía (en la oficina) donde estaban las enfermeras” de modo informal: “No se le pedía ninguna documentación a quien retiraba los niños, nada, desgraciadamente no. Podía ir cualquiera”.

Torrealday, en la ampliación de su testimonial, insistió con ese concepto: “Modificar la conducta de los colegas era dificilísimo y se enojaban cuando uno les revisaba las historias clínicas”.

Discordancias de la memoria
Vainstub manifestó que en 1978 el IPP no tenía ambulancia, sino que recién adquirieron una –marca Rambler– después de ese año. La jueza Lilia Carnero le llamó la atención: “Usted dice taxativamente que en esa época no tenían ambulancia pero no se acuerda de otra situación más importante como la internación de dos chicos durante 20 días”. Y le remarcó “las discordancias de su memoria, sobre hechos nimios y hechos importantes”.

“Lo que estoy diciendo es la verdad que tengo y mi verdad es bastante limitada porque en Neonatología yo prácticamente no participaba. Pueden haber hecho el traslado en un vehículo particular, eran muy precarios los traslados, con una incubadora y un tubito de oxígeno”, respondió.

Alfredo Hoffman
De la Redacción de UNO

viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Quién atendió a los bebés en el IPP?, la “pregunta del millón”



En el juicio por robo de niños, uno de los dueños de la clínica que alojó a los hijos de Raquel Negro, dijo desconocer qué médico los tuvo a su cargo. Una jueza le dijo que omitía información 

El juicio oral y público por robo de bebés durante la última dictadura, en su octava jornada, se metió de lleno en lo sucedido con los hijos mellizos de Raquel Negro en el Instituto Privado de Pediatría (IPP). Puntualmente, el momento del egreso de los niños se va convirtiendo en la clave para determinar quién fue el encargado de entregarlos a los apropiadores que luego abandonaron a Sabrina en el Hogar del Huérfano de Rosario e hicieron incierto hasta hoy el paradero de su hermano varón.

El testigo Miguel Torrealday, uno de los socios de la institución, aseguró que está comprometido con el esclarecimiento de la verdad de lo sucedido, pero dijo desconocer el hecho y no pudo precisar datos trascendentes para la investigación. Su alegado desconocimiento acerca de qué médico atendió a los bebés y les dio el alta hizo que la jueza Lilia Carnero le increpara: “Creo fervientemente que usted omite información. Yo creo que usted sabe”. Pero el profesional, quien dijo no querer ser parte de la corporación médica, se limitó a asegurar que esa es “la pregunta del millón”.

Dos mujeres que trabajaron en Neonatología del Instituto de Pediatría sí aportaron datos claves. Así se mantiene una constante en este juicio, que es la presunta mala memoria de los médicos y la facilidad para recordar de las enfermeras. Una de ellas dijo que en 1978 atendió a un par de mellizos –varón y mujer– que estaban registrados como NN y a los que nadie iba a visitar. Y fue clara al afirmar que los atendían tres de los cuatro dueños: Torrealday, Ángel Schroeder y Jorge Eduardo Rossi, mientras que David Vainstub no porque “no andaba tanto”.

La otra habló de un bebé –no recordaba el sexo– que había sido derivado del Hospital Militar y estaba en una incubadora. Dijo que no era visitado por familiares, pero se decía que era “hijo de una extremista” y que lo “dieron en adopción”. Manifestó no recordar qué médico sacó al bebé para egresarlo y entregarlo a una pareja, pero sí que fue uno de los cuatro propietarios.
La mujer relató un hecho que le llamó la atención: “Lo que vi fue a la esposa del doctor Vainstub, con amigas o familiares, que fueron a verlo a través del vidrio. Tenían curiosidad porque era el bebé de una extremista”.

Una cuestión de confianza
Torrealday, quien juró decir la verdad por Dios y los Santos Evangelios, sostuvo durante su testimonio que durante aquellos años el IPP era una clínica “abierta”, en la cual cualquier médico de Paraná podía ingresar a su paciente cuando necesitaba los servicios de Neonatología. Ese es uno de los motivos por los cuales dijo desconocer quién estuvo a cargo de la atención y alta de los hijos de Raquel Negro. “Para nosotros es un problema de confianza, llevamos más de 9.400 internaciones en todos estos años de trabajo. No quisiéramos que se repita esta situación”, señaló. Argumentó que “no había control de los profesionales”, que no los “chequeban”, porque se conocían. Simplemente, “si había unidad disponible se le brindaba la posibilidad de la asistencia”.

Cuando le preguntaron qué profesional pudo haber tenido contacto con los niños, dijo casi susurrando: “Es la pregunta del millón. Esa es una de las cosas que nos venimos preguntando permanentemente”.

Según indicó, tomó conocimiento de los hechos investigados cuando en una oportunidad, revisando los libros de la institución, encontró registros de NN derivados del Hospital Militar con fecha julio de 1978. Luego consiguió que la titular de Abuelas de Plaza de Mayo lo visitara y juntos revisaron esas anotaciones y fue cuando detectaron, en el mismo libro, las inscripciones de Soledad López y NN López –los hijos de Negro y Tulio Valenzuela–, la primera ingresada el 4 de marzo de 1978 y el segundo el 10 del mismo día y año. Ambos fueron dados de alta el 27 de marzo. El Hospital Militar pagó 71.500 pesos de la época por Soledad/Sabrina y 35.750 por el niño perdido.

Torrealday, revisando ese libro delante del tribunal, se desvinculó de esas anotaciones irregulares en su clínica diciendo que las efectuaba el área administrativa, que estaba a cargo de una mujer ya fallecida.

“Yo no estaba en conocimiento de esto, para mí fue una sorpresa. Nosotros, quienes participamos de esta sociedad, estamos comprometidos y queremos saber quién fue el médico que atendió a estos pacientes (...), porque nos puede aportar la información para recuperar el niño perdido”, continuó.

Fue entonces cuando Carnero le recriminó: “Usted no puede decir al tribunal ‘queremos saber’. Ustedes deben saber. Ustedes tienen la clave para saber, por eso tienen que hacer memoria”. La respuesta de Torrealday insistió con que trabajaban muchos profesionales y cada uno “venía e internaba a sus pacientes”. La misma jueza fue contundente al señalar: “Creo fervientemente que usted omite información. Yo creo que usted sabe”. El testigo mantuvo su discurso de desconocimiento.

En otro pasaje le pidieron insistentemente que hiciera memoria y nombrara a sus colegas que hacían guardia. Luego de negarse por temor a equivocarse, mencionó a “el doctor Baigorria, Gallino, Mare, Salomone”.
Por otra parte, contradijo a la enfermera que sostuvo que uno de los socios entregó a los bebés a una pareja que aparentemente lo llevaba en adopción. “Esa metodología no era válida. La adopción era todo un proceso. No debe haber ocurrido porque no es ese el mecanismo”.

Los datos verdaderos de los mellizos y del médico que los atendió, se debieron haber inscripto en las historias clínicas, pero se perdieron cuando se inundó un sótano. Tampoco existen las planillas de guardia. “Me duele decirlo porque no quiero ser parte de lo que se dice, la corporación médica”, se excusó.

Zaccaría: “En un rato se va a morir”
Ayer declaró una ex empleada de laboratorio del Hospital Militar, quien dijo que escuchó “de oídas” el caso de Raquel Negro, el nacimiento de sus hijos y la derivación al IPP. Se sumó así a muchas otras trabajadoras de la salud que conocieron el hecho directa o indirectamente.

La misma testigo expresó que durante la dictadura se hacían análisis de sangre a personas identificadas como NN que estaban detenidas en el Batallón de Comunicaciones, donde funcionaba un centro clandestino de detención.

También dijo que en una oportunidad tuvo que asistir a quirófano a realizarle una transfusión a un hombre herido de gravedad, que “perdía mucha sangre”. El anestesista, que era el imputado Juan Antonio Zaccaría, le dijo que no era necesario que clasificara grupo y factor porque “dentro de un rato se va a morir”. Ella le contestó que era su trabajo y lo tenía que hacer. “Esa persona falleció en la cirujía”, señaló, y añadió que luego escuchó por comentarios que la persona en cuestión había sido traída en el baúl de un auto hasta el Hospital Militar.

Además, en ese episodio dijo que tres cirujanos participaron de la intervención quirúrgica: los médicos militares Carlos Bautista Suino, Mario Sergio Crocce y un tercero que no pudo precisar quién era.

Alfredo Hoffman 
De la Redacción de UNO 

jueves, 8 de septiembre de 2011

Las evasivas de un militar no permitieron sumar precisiones

Los imputados: Pagano prefiere no estar presente en la sala.
(Foto: UNO/Juan Ignacio Pereira)

Un ex sargento que sacaba sangre a los pacientes del Hospital Militar dijo haberse enterado por terceros del nacimiento de los bebés de Raquel Negro. Dijo no recordar porque “fue hace 33 años” 

Un ex preparador de laboratorio del Hospital Militar, que se retiró del Ejército con el grado de sargento ayudante, fue uno de los que declaró como testigo ayer en el juicio por robo de bebés durante la última dictadura que se desarrolla ante el Tribunal Oral Federal de Paraná. Al igual que otras dos ex empleadas del nosocomio, el hombre dijo que se enteró sólo por comentarios del nacimiento de los hijos mellizos de la detenida-desaparecida Raquel Negro, y no aportó mayores datos de interés para la investigación. Entre otras respuestas que no resultaron convincentes, llegó a decir que no podía distinguir si le extraía sangre a mujeres embarazadas o a obesas y en un momento se le debió recordar que estaba declarando bajo juramento de decir la verdad.

Ayer se dio inicio a la tercera semana del juicio por la causa Hospital Militar, que tiene como imputados por sustracción y sustitución de identidad de los hijos de Raquel Negro al médico Juan Antonio Zaccaría, y los ex integrantes del Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario Pascual Guerrieri, Juan Daniel Amelong, Jorge Fariña, Marino González y Walter Pagano.

El militar retirado que declaró como testigo relató que se desempeñó en el laboratorio del Hospital Militar en 1978 y que sacar sangre a los pacientes internados era una de sus funciones, además de preparar los materiales y elementos para que los profesionales efectuaran los análisis. Aseguró que nunca tomó conocimiento de que estuvieran internadas personas a las que la dictadura llamaba “subversivas” y que tampoco tuvo contacto con embarazadas. “Nunca supe si la paciente era embarazada u obesa. A mí no se me notificaba si era un embarazo, era la paciente o el paciente”, indicó, y su frase mereció críticas por lo bajo entre los asistentes al debate. Además aseguró que no podría distinguir entre una mujer gorda y una embarazada aunque estuviera de ocho meses, como se supone estaba Raquel Negro a fines de febrero o principios de marzo de aquel año.

De la misma manera, afirmó que no se enteró ni se acuerda de un operativo militar de custodia de un paciente que le haya llamado la atención por involucrar a un personal de tropa más numeroso que lo habitual y se cuidó de no dar a entender que le pudo haber sacado sangre a alguien que estuviera secuestrado: aseguró que nunca vio a una persona encapuchada, atada o esposada; que “los pacientes se tapaban la cara porque le tenían miedo a la aguja”; que “estaban tapados con la frazada” y que él “únicamente descubría el brazo para la extracción”.

Sin embargo, reconoció que se enteró por lo que se decía “de boca en boca” del caso de los bebés: “No lo puedo negar. Escuché que habían nacido unos mellizos, nada más (…) Fue un hecho novedoso por ser mellizos. Que había fallecido uno de ellos, eso también llamó la atención, también de boca en boca. Era algo fuera de lugar, digamos, para un Hospital Militar”. Dijo no recordar qué se decía acerca de cómo había sido la supuesta muerte de ese niño, que no sabe qué pasó con el cuerpo, ni con el niño que quedó vivo ni con la madre; ni qué nombre le pusieron las enfermeras a los recién nacidos por carecer de identidad. Sólo admitió que aquello “fue como un shock a nivel hospitalario”.

Fue entonces cuando, ante tantas respuestas negativas, la abogada Ana Oberlin –representante de la querella de Abuelas de Plaza de Mayo– le preguntó si había recibido amenazas antes de la audiencia. La respuesta fue negativa. A pedido de la letrada, el tribunal le recordó que estaba declarando bajo juramento de decir la verdad. “Son muchos años, son 33 años”, se defendió.

Su supuesta falta de memoria surgió también cuando le preguntaron quién pudo haber atendido a los bebés. Sólo recordó a médicos fallecidos –el ex director del nosocomio Luis Levin y el ginecólogo Jorge Cantaberta– y nombró al imputado Zaccaría como quien tenía “el tercer puesto de jefatura”.

Además de este militar retirado, otros dos testigos admitieron que el caso de los bebés se comentaba entre el personal. Una enfermera de Terapia Intensiva aseguró no haber tenido contacto con los bebés cuando fueron internados en ese servicio, pero sí que algunos de sus compañeros le contaron sobre lo sucedido: “Recuerdo por comentarios que habían dicho que nacieron dos mellizos que estaban delicados de salud y que estuvieron unas horas y que fueron derivados al Sanatorio del Niño. Eran un varón y una mujer, todo por comentarios”. No supo decir quiénes los atendieron, ni quién los recibió, ni quién los derivó.

Otra ex empleada que al momento de los hechos trabajaba en consultorios externos del nosocomio también manifestó escuetamente haberse enterado, sólo por lo dicho de boca en boca, de una mujer detenida que tuvo familia en marzo de 1978.

En tanto, una instrumentadora y una empleada de Ginecología dijeron no tener ningún conocimiento del caso.


El rol del Instituto Privado de Pediatría
En lo sucesivo, el juicio comenzará a girar sobre el paso de los bebés por el Instituto Privado de Pediatría (IPP), con las declaraciones de testigos que se desempeñaron en esa clínica: médicos, enfermeras y propietarios. Según los registros, los mellizos de Raquel Negro estuvieron internados allí, derivados desde el Hospital Militar; la niña entre el 4 y el 27 de marzo de 1978, asentada como Soledad López, y el niño entre el 10 y el 27 de marzo, como NN López.

Ayer ya se escuchó el testimonio de un pediatra que se desempeñó en Neonatología del IPP pero, según dijo, a partir de dos meses después de aquellas internaciones. De todos modos, sus expresiones dejaron en claro que aquellos acontecimientos debieron ser lo suficientemente extraordinarios como para que sean recordados por quienes los vivieron. Por ejemplo, de sus declaraciones se desprende:

1) Los registros de pacientes sin identidad o con identidad ficticia era algo completamente anormal. Cuando, por tratarse de una urgencia de vida o muerte, el bebé ingresaba sin que se asentaran los datos, luego el área administrativa de la clínica se encargaba de regularizar esa situación. El testigo no conoció ningún caso de niños sin identidad.

2) El testigo consideró “raro” que estuvieran internados pacientes que no recibieran la visita de sus familiares.

3) Recibir bebés del Hospital Militar no era habitual. Lo más común era que provinieran de la clínica Modelo, La Entrerriana, el sanatorio Rivadavia y la clínica Villanueva.

4) Afirmó que “es inusual que estén diez días internados pacientitos” con esas características y “que no se sepa”.

5) Para disponer el egreso de un paciente, el médico de guardia comúnmente avisaba al médico de cabecera, que por lo general era el que le había dado ingreso. No necesariamente eso era comunicado a las autoridades máximas del IPP, pero sí a la parte administrativa, que “siempre estuvo a cargo de (Miguel) Torrealday y David Vainstub”.

6) Una cardiopatía congénita severa, como la que supuestamente padecía el varón –según dijo el médico que lo atendió en el Hospital Militar, Alfredo Berduc– generalmente merecía una derivación al hospital Gutiérrez de Buenos Aires o algún otro de alta complejidad que en esa época existían en La Plata y en Córdoba, no al IPP.


Alfredo Hoffman 
De la Redacción de UNO

martes, 6 de septiembre de 2011

Piden investigar si un militar se apropió del hijo varón de Negro

Guerrieri dijo que Navone se quedó CON EL HIJO VARÓN
DE RAQUEL NEGRO. (Foto UNO/Juan ignacio pereira
Los fiscales solicitaron al juez Gustavo Zonis que siga la hipótesis planteada por el represor Guerrieri, quien dijo que Paul Alberto Navone, que se suicidó en 2008, se quedó con el bebé de la detenida desaparecida que dio a luz en el Hospital Militar.


El juez federal de Paraná, Gustavo Zonis, evalúa por estas horas si sigue la pista arrojada por uno de los represores que es juzgado en la causa Hospital Militar, quien dijo en el tercer día del juicio que el militar suicidado Paúl Alberto Navone se habría quedado con el mellizo varón de la desaparecida Raquel Negro.

Desde la semana pasada, Zonis tiene en sus manos dos escritos presentados por los fiscales Mario Silva y José Ignacio Candioti, quienes le pidieron que investigue si esa versión tiene sustento o no, sobre todo porque Navone tiene un hijo nacido el 3 de noviembre de 1977. La fecha no coincide con el nacimiento de Sabrina Gullino y su hermano en el nosocomio de avenida Ejército, pero se sabe que en los casos de robo de bebés las fechas pueden ser adulteradas. Además, sí coincide con la fecha probable de parto de Graciela Susana Capocetti, también desaparecida.

El viernes 26, Pascual Oscar Guerrieri y Juan Daniel Amelong responsabilizaron a Paúl Navone del robo de los hijos de Raquel Negro. Navone es el militar de Inteligencia del Ejército que se suicidó de un disparo en la cabeza en febrero de 2008, el mismo día que debía prestar declaración indagatoria en la instrucción de la causa.

Como ex segundo jefe del Destacamento de Inteligencia 121 del Segundo Cuerpo de Ejército, con sede en Rosario, Guerrieri buscó desligarse de los hechos adjudicando responsabilidad en el plan para la sustracción de los bebés al Destacamento 122 de Santa Fe –donde operaba Navone– con jurisdicción sobre Paraná. Y citó una presentación de abril de 2011 efectuada por un defensor oficial federal de Rosario, Germán Artola, relacionada con un supuesto correo electrónico en el cual el represor Eduardo Costanzo diría que Navone fue quien “ejecutó a Raquel Negro de un tiro en la cabeza” y quien “se habría quedado con el varoncito”.

Costanzo debe declarar como testigo en el juicio en las próximas semanas. Fue quien aportó a la Justicia el dato de que a la beba mujer la habían abandonado Amelong y Walter Pagano en la puerta de un convento de Rosario. Esa pista fue la que permitió encontrar a Sabrina Gullino a fines de 2008.

Luego de esa audiencia, los fiscales Silva y Candioti presentaron un escrito en la causa “NN López”, en la cual se investiga el destino del hermano de Sabrina y que tiene esa denominación porque así se lo registró en el Instituto Privado de Pediatría (IPP), adonde los niños fueron derivados desde el Hospital Militar. La presentación fue para que Zonis investigue la hipótesis y estuvo fundamentada en que en el legajo de Navone aparece que uno de sus hijos nació el 3 de noviembre de 1977, cuatro meses antes que los hijos de Negro. Le pidieron al juez la producción de prueba documental, como la partida de nacimiento.

Lo mismo solicitaron en la causa que investiga la apropiación del hijo de los desaparecidos Graciela Capocetti y Guillermo López Torres. Se estima que la mujer estaba embarazada de seis meses cuando fue secuestrada, en agosto de 1977, por lo cual el parto se habría producido en noviembre de ese año.

Graciela y Guillermo –junto a sus hijos Gustavo y Diego– fueron detenidos en el barrio Fisherton de Rosario en agosto de 1977 y desde entonces permanecen desaparecidos. Existen datos para suponer que Graciela fue trasladada al Hospital Militar de la capital entrerriana para dar a luz a un niño o niña que fue sustraído por los represores. Los hermanos, que tenían entonces 3 y 1 año, fueron devueltos a sus familiares y en 2009 se constituyeron como querellantes en Paraná.


Alfredo Hoffman / Redacción de UNO 
ahoffman@unoentrerios.com.ar

sábado, 3 de septiembre de 2011

Las enfermeras confirman la supresión de identidad de los bebés de Negro



Dos testigos ratificaron que los bebés de Raquel Negro fueron registrados como NN en el Hospital Militar. Aseguraron que Zaccaría tenía dominio sobre lo que pasaba en Terapia Intensiva.

La sexta jornada del juicio oral y público por robo de bebés dejó como saldo más confirmaciones de la supresión de la identidad de los hijos de Raquel Negro desde los instantes poteriores al nacimiento. Si bien las dos enfermeras del Hospital Militar que declararon ayer aseguraron no haber visto a los mellizos, ratificaron haber tomado conocimiento de los hechos investigados y de que los niños estaban internados como NN, por lo cual los llamaron Soledad y Facundo.

El tercer testigo del viernes fue el militar retirado Hugo José Gutiérrez, quien se desempeñaba como jefe de Sala 1, donde estuvo internada Negro luego del parto, según algunos testimonios. Gutiérrez se desligó de los hechos afirmando que en 1978 estaba destinado en Concordia, pero esto se contradijo con su declaración de la etapa instructoria, cuando no mencionó esa circunstancia, y mereció un llamado de atención del Tribunal.

“Entre los comentarios que se escuchaban, me dijeron las chicas que estaban anotados como NN en la planilla y que como les daba mucha lástima les pusieron Soledad y Facundo”, contó ayer, emocionada, una de las enfermeras. Más tarde, la otra testigo mencionó: “Las chicas les habían puesto nombres, porque no tenían: a la nena Soledad y al nene me parece que Facundo”. Ambas se desempeñaban en Terapia Intensiva, donde los bebés estuvieron luego del parto, en una sola incubadora. Desde allí fueron derivados al Instituto Privado de Pediatría (IPP), según consta en los registros de esa clínica, porque el varón sufría un problema respiratorio. La nena pudo recuperar su identidad, pero el niño continúa desaparecido.

Las declaraciones de ayer se sumaron a las que hicieron anteriormente las trabajadoras del hospital que sí tuvieron contacto directo con los mellizos en Terapia, quienes habían confirmado que ya en ese servicio estaban registrados como NN. Eso implica la alteración de identidad y la omisión de inscribirlos como hijos de su verdadera madre. Pero además, el testimonio revelador del jueves de la empleada que participó del parto dejó en claro que en ese momento no hubo registro alguno.

Hasta el mismo Juan Antonio Zaccaría reconoció ese delito, cuando dijo en su indagatoria del viernes 26 de agosto: “No sé si estaban inscriptos en el libro de registro, supongo que había cosas que no registraban correctamente. Supongo que estaban internados en forma ilegal, no correcta, en una palabra”.

Comentarios
La primera en declarar ayer dijo que cuando se produjo el nacimiento ella estaba de franco o de vacaciones, pero se enteró cuando se reintegró a su trabajo”. Escuchó de boca de al menos tres de sus compañeras que “había una incubadora con dos bebés” que luego fueron derivados “a un lugar especializado”, indicó. “El comentario era que eran un varoncito y una nena”, acotó.

La otra empleada dijo que en esa época estaba con parte de enferma, pero cuando volvió, en marzo de 1978, escuchó que habían nacido los mellizos, un varón y una mujer. “Lo único que escuché fue que habían nacido y los habían llevado al Instituto del Niño. Con respecto a la madre nunca escuché nada”, reseñó. Luego precisó que escuchó que el varón tenía problemas de salud y que sus compañeras de Terapia asistieron a los niños.

El rol del jefe
“Zaccaría supervisaba todo. Cada una se hacía responsable de sus cosas, pero él era el que ordenaba, era nuestro jefe”, dijo una de las enfermeras sobre el rol del imputado. “¿Zaccaría tenía conocimiento de los ingresos y egresos de la sala?”, le preguntaron: “Por supuesto, era su función”, respondió con seguridad.

La segunda mantuvo la misma línea: “Zaccaría era el que nos dirigía a todos nosotros. Nunca pudo ingresar alguien a Terapia sin conocimiento del doctor Zaccaría, porque había una historia clínica de cada paciente, donde decía la evolución del enfermo, identificado con nombre, apellido, edad, fecha de nacimiento y el diagnóstico y qué médico lo había derivado a Terapia intensiva”, recordó la mujer. Pese a esas reglas, esos bebés no tenían identidad.

La audiencia se desarrolló nuevamente sin la presencia en la sala del represor Walter Pagano, quien prefiere permanecer en otra dependencia del edificio de los Tribunales Federales de calle 25 de Mayo. Además de Pagano y Zaccaría, el Tribunal Oral Federal de Paraná juzga a Pascual Guerrieri, Juan Daniel Amelong, Marino González y Jorge Fariña, por los delitos de sustracción de menores y sustitución de identidad.

Contradicciones de un militar
El testigo Hugo José Gutiérrez, militar retirado, declaró ayer en último término. Primero dijo que en 1978 era encargado de la Sala 1, donde habría estado internada Raquel Negro después del parto. Sin embargo, a los pocos minutos dijo que no estaba en el noscomio al momento de los hechos. “En el 77, si mal no recuerdo, fui comisionado a Concordia para integrar la formación de un regimiento por el caso Chile, hasta el 79. No sé quién se hizo cargo de la Sala 1 en ese periodo”, sostuvo.

Con esa frase también se contradijo con su declaración en la instrucción, el 19 de diciembre de 2007, lo cual fue marcado por la querella. En aquella oportunidad no había mencionado su ausencia durante los hechos investigados. “Ahora lo recuerdo, antes no”, se defendió.

El Tribunal le advirtió que podía ser imputado del delito falso testimonio, ya que resultaba “extraño que no lo haya dicho antes y que se acuerde ahora”, le dijo el presidente, Roberto López Arango. Luego insistieron los jueces en preguntarle si estuvo o no en el Hospital Paraná ese año, pero Gutiérrez se mantuvo en su versión actual.

El fiscal José Ignacio Candioti pidió que el Tribunal remitiera un oficio a los efectos de corroborar efectivamente en el legajo del testigo, si prestaba funciones en Concordia en 1978. El Tribunal no hizo lugar al pedido de la Fiscalía.

Alfredo Hoffman 
De la Redacción de UNO

viernes, 2 de septiembre de 2011

“Raquel Negro abrazó a los mellizos antes de que se los llevaran”




En la continuidad del juicio por la causa Hospital Militar, una testigo contó cómo fue el parto en que nacieron los bebés sustraídos, con la participación de profesionales que habrían sido traídos especialmente para ese operativo. Se escucharon detalles de la internción como NN en Terapia Intensiva. 

Una enfermera jubilada de 86 años, que trabajaba en la sala de Maternidad del Hospital Militar de Paraná, contó ayer ante el Tribunal Oral Federal que ella estuvo presente en el parto en el que nacieron los hijos mellizos de la militante desaparecida Raquel Negro, que vistió a los bebés y que la madre los abrazó antes de que se los sacaran los represores. Su testimonio resulta revelador de la metodología empleada por los apropiadores de niños que operaron en el nosocomio de avenida Ejército durante la última dictadura cívico-militar y fue la nota destacada de la quinta jornada del juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolla en la capital entrerriana.

Antes de esa declaración se habían escuchado los testimonios de otras tres trabajadoras del hospital y del médico Alfredo Berduc. Todos relataron fragmentos de la estadía de los bebés en el servicio de Terapia Intensiva en marzo de 1978 y de cómo fueron derivados al Instituto Privado de Pediatría, a excepción de una obstetra que recordó haber instruido sobre los síntomas de trabajo de parto a una embarazada aparentemente detenida cuyas características no coinciden con las de Negro, dado que aseguró que gestaba un solo bebé en su vientre y que era madre primeriza. Esto avalaría la hipótesis de más embarazadas secuestradas llevadas a parir al hospital.

En el juicio por la causa Hospital Militar se juzga a los represores Juan Amelong, Jorge Fariña, Héctor González, Pascual Guerrieri y Walter Dionisio Pagano, y al médico anestesista Juan Antonio Zaccaría; por la sustracción y sustitución de identidad de los hijos de los detenidos desaparecidos Tulio Valenzuela y Rauqel Negro.

La enfermera de Maternidad –cuya identidad se preserva por razones de seguridad– aseguró que fue la propia Raquel Negro quien le dijo su nombre, que le contó que venía “del cautiverio de Funes” (por el centro clandestino de detención Quinta de Funes, en las afueras de Rosario), que tenía un hijo mayor de unos dos años y que había sido “maltratada” y “arrastrada” cuando la trasladaron a Paraná. “Y cuando la bañé, era cierto, tenía lesiones, en la cola”, certificó.

“Cuando nacieron los chicos, al varoncito yo lo vestí, se lo puse a la madre, lo tocó, lo abrazó”, contó la testigo entre lágrimas. “Después lo sacaron al chico, dos personas que yo no conocía, dijeron que no estaba bien. Y ella estaba muy preocupada, me preguntaba: 'qué será de mi bebé, cómo estará'. Yo le decía que iba a tener que preguntarle al médico de niños, pero yo en ningún momento vi un médico de niños ahí. Después nació la nena, que se quedó con la madre. Al otro día, cuando fui, pregunté qué fue de la parturienta y me dijeron que la llevaron los familiares”. Nunca más supo del caso hasta que fue contactada para atestiguar en la causa y se enteró de que aquella joven había sido asesinada y desaparecida y los niños sustraídos.

También aportó que el parto fue realizado por médicos que no eran del nosocomio: “Personal de la sala de partos no eran, eran de afuera. Había dos que estaban en la puerta y uno sacó al chico”. Según lo que pudo observar, no se hizo ningún registro del nacimiento en la sala de partos.
Dijo también que “a veces llegaba al hospital de mañana y encontraba que habían usado la sala de partos” y en una ocasión le comentaron que “había sido un aborto en curso”. Deslizó que esos casos tampoco eran atendidos por personal del nosocomio, sino por profesionales que “eran de afuera”.

Además de estar en el parto, ella asistió a Raquel Negro durante alrededor de 15 días, cuando estuvo alojada en una habitación de la guardia médica, con un custodio permanente en la cama de al lado y con una “reja precaria” en la ventana.

Internación y derivación
Por otra parte, dos enfermeras de Terapia Intensiva del Hospital Militar ratificaron la internación de bebés como NN en ese servicio. Además afirmaron que el jefe del área, el imputado Zaccaría, tuvo participación en ese hecho.

Una de esas enfermeras, la primera que declaró este jueves como testigo en el juicio por la causa Hospital Militar, ratificó la presencia de dos bebés mellizos en Terapia, a quienes llamaron Soledad y Facundo, que luego fueron derivados al Instituto Privado de Pediatría. Dijo que los médicos Alfredo Berduc y Juan Ferraroti intervinieron en el traslado de los mellizos y que Zaccaría le informó que los niños serían entregados a los familiares, cuando en realidad fueron apropiados.

Esa trabajadora de la salud, que declaró durante una hora, dijo que ella estaba de guardia en el turno de la mañana –de 6 a 12– y que al llegar, la mañana posterior al nacimiento, se encontró con los dos niños en una misma incubadora. “Yo no sabía qué hacer, porque no era un lugar adecuado para atender esos bebés”, aseguró, y agregó que en ese momento Berduc entregó la guardia a Ferraroti, quien se encargó de derivar a los niños. El miércoles este médico dijo que no recordaba ese acontecimiento.

Además aseveró que la Planilla de Enfermería que le entregó su compañera los chicos estaban registrados como NN y que quien controlaba la confección de esa planilla era el jefe del servicio, o sea Zaccaría.

La testigo que delaró en segundo término relató lo sucedido en Terapia la tarde del nacimiento. Dijo que hacía guardia pasiva de 12 a 18 y que un día la llamaron del hospital porque había pacientes que atender. Cuando llegó, a las 16, estaba Zaccaría esperándola en el pasillo y le dijo que “había una parturienta que iba a tener mellizos y que iban a venir al servicio”. Ella recordó que atendió a un bebé que tenía problemas respiratorios, que no pudo identificar si era varón o mujer porque no lo desvistió. Aseguró que fue Berduc quien estaba a cargo del tratamiento y le daba las indicaciones sobre cómo antender a la criatura, al tiempo que trataba de comunicarse con el hospital San Roque y el IPP pidiendo cama.

Esta mujer detalló que en la Hoja de Enfermería que tenían en Terapia, donde debía estar el nombre del bebé ya decía NN. “Eso seguramente lo ha escrito el doctor Zaccaría o no sé qué otra persona podría ser. Creería que era el doctor Zaccaría”, afirmó.

Cuando salió de Terapia para ir a su casa, a las 18, pasó por delante de la habitación 5, donde se  decía que estaba internada la madre. Se encontró con una gran cantidad de efectivos del Ejército, mucho mayor a la habitual, armados y vestidos de uniforme. Eran unos 20, cuando lo común era que no hubiera nadie, para no molestar a los pacientes. Entonces intentó “pasar ligero” por ese pasillo.

Berduc: “Ojalá pudiera recordar”
Por su parte, el médico Berduc recordó que asistió al mellizo varón con una cardiopatía congénita severa, y a la nena con "un poquito de arritmia". Dijo que como en Terapia no había elementos para atenderlos, habló con el director del establecimiento, Marcelo Beret, y lo persuadió para que se derivara a los niños a un centro apto, que en ese momento eran el hospital San Roque o el Instituto Pediatría. "A cuál de los dos los derivaron, no me acuerdo", indicó.

"De la mamá no supe nada. No averigüé, en ese momento no se podía averiguar mucho. Sabía que era una detenida y nada más. Esto me lo dijeron, no me acuerdo quién", manifestó.

Berduc dijo no saber quién dispuso la internación de los bebés en Terapia Intensiva y no tener "ni idea" dónde se produjo el parto, y en varias oportunidades se excusó de dar mayores detalles por no recordarlos dado que “pasaron ya 30 años”. Por ejemplo, dijo no acordarse si los niños estaban registrados como NN, si su intervención fue por la mañana o por la tarde y si había custodia militar mayor a la habitual. “No recuerdo, lamentablemente. Ojalá pudiera recordar y ayudarlos”, señaló.

Sobre el estado de salud del varón, indicó que “se estaba muriendo” y que sólo hubiera evolucionado favorablemente con una cirugía en un centro asistencial de mayor complejidad que en aquel momento sólo existía en Buenos Aires y La Plata. Le preguntaron, entonces, por qué lo derivaron a una clínica de Paraná. Respondió que se debió a que primero debían estabilizar el paciente y precisar el diagnóstico, algo que no podía hacerse en el Hospital Militar por carecer de Neonatología.

Berduc dijo que creía haber escuchado que el nene murió en el IPP y se sorprendió cuando le informaron que la búsqueda prosigue y que hay documentos que indican que fue dado de alta de ese instituto el 27 de marzo de 1978.

Finalmente, admitió que no se consultó la historia clínica de la madre ni se pidió su consentimiento para la derivación de sus hijos. “Cuando hablé con Beret me dijo que no se podía hacer mucho hincapié. Estábamos muy coartados en estas cosas. No era una situación normal y no se podía interrogar, decían que no podían tener contacto con esas personas (por los secuestrados), por lo que estas personas podrían decirle a uno. Esas cosas en ese momento no se permitían”, se justificó.

Sin el represor Walter Pagano

Desde el inicio de la audiencia estuvo ausente el represor Walter Pagano, quien prefirió quedarse en la dependencia de Tribunales que se ha previsto para que permanezcan los acusados.

Por su parte, Pascual Guerrieri, otro de los reos, debe hacerse un control médico y tiene dolor de muela. La defensa propuso que lo atiendan en el Hospital Militar, ya que es el único lugar donde se le acepta la obra social Iose. El tribunal lo va a resolver oportunamente.


Alfredo Hoffman
De la Redacción de UNO